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馃尰馃憦⛪️馃懇馃尯 LA MEJOR FORMA QUE NOS PODEMOS COMUNICAR CON DIOS ES LA ORACI脫N, BUSCA SIEMPRE A DIOS Y EL TE RESPONDE CON SU SANTA PALABRA馃尰馃憦⛪️馃懇馃尯

El poder de la oraci贸n

Gabriela Louise Redden, una mujer pobremente vestida y con una expresi贸n de derrota en el rostro, entr贸 en una tienda de abarrotes. Se acerc贸 al due帽o de la tienda, y de una forma muy humilde le pregunt贸 si pod铆a fiarle algunas cosas.

Hablando suavemente, explic贸 que su marido estaba muy enfermo y no pod铆a trabajar, que ten铆an 7 hijos, y que necesitaban comida. John Longhouse, el abarrotero, se mof贸 de ella y le pidi贸 que saliera de la tienda. Visualizando las necesidades de su familia, la mujer le dijo: “Por favor se帽or, le traer茅 el dinero tan pronto como pueda.” John le dijo que no pod铆a darle cr茅dito, ya que no ten铆a cuenta con la tienda.

Junto al mostrador hab铆a un cliente que oy贸 la conversaci贸n. El cliente se acerc贸 al mostrador y le dijo al abarrotero que 茅l responder铆a por lo que necesitara la mujer para su familia. El abarrotero, no muy contento con lo que pasaba, le pregunt贸 de mala gana a la se帽ora si ten铆a una lista. Louise respondi贸: “¡S铆 se帽or!”. “Est谩 bien,” le dijo el tendero, “ponga su lista en la balanza, y lo que pese la lista, eso le dar茅 en mercanc铆a.”
Louise pens贸 un momento con la cabeza baja, y despu茅s sac贸 una hoja de papel de su bolso y escribi贸 algo en ella. Despu茅s puso la hoja de papel cuidadosamente sobre la balanza, todo esto con la cabeza baja. Los ojos del tendero se abrieron de asombro, al igual que los del cliente, cuando el plato de la balanza baj贸 hasta el mostrador y se mantuvo abajo. El tendero, mirando fijamente la balanza, se volvi贸 hacia el cliente y le dijo: “¡No puedo creerlo!”.
El cliente sonri贸 mientras el abarrotero empez贸 a poner la mercanc铆a en el otro plato de la balanza. La balanza no se mov铆a, as铆 que sigui贸 llenando el plato hasta que ya no cupo m谩s. El tendero vio lo que hab铆a puesto, completamente disgustado. Finalmente, quit贸 la lista del plato y la vio con mayor asombro.

No era una lista de mercanc铆a. Era una oraci贸n que dec铆a: “Se帽or m铆o, t煤 sabes mis necesidades, y las pongo en tus manos”.
El tendero le dio las cosas que se hab铆an juntado y se qued贸 de pie, frente a la balanza, at贸nito y en silencio. Louise le dio las gracias y sali贸 de la tienda. El cliente le dio a John un billete de 50 d贸lares y le dijo: “Realmente vali贸 cada centavo” Fue un tiempo despu茅s que John Longhouse descubri贸 que la balanza estaba rota.

En consecuencia, solo Dios sabe cuanto pesa una oraci贸n.

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